¡Miren a Beep! Beep es un robot pequeño, de color azul brillante y rojo cereza. No es más alto que tu rodilla. Beep tiene un gran ojo redondo que brilla como un sol dorado. ¡Glu-glú! Ese es su motor. Sus patitas hacen ¡clic, clac! mientras se desliza por la alfombra. Beep ama su tren rojo. El tren hace: ¡Chu-chu, pom-pom! Pero de repente... ¡oh, no! El tren se detuvo. El silencio llegó al cuarto de juegos. ¿Qué pasó? Beep parpadea con su ojo dorado. Es hora de investigar.
Beep enciende sus motores: ¡Vrum, vrum! Avanza por la Gran Alfombra. Se acerca a las Vacas de Madera. «¿Vieron al tren?», pregunta Beep con un ruidito: ¡Bip-bip! Pero las vacas solo se tambalean. ¡Boing, boing! Beep sigue buscando. Mira las ruedas, mira el motor. Todo parece estar bien. Pero entonces, llega al túnel oscuro debajo de la silla. Allí hay algo muy, muy grande. ¡Es una montaña azul y muy peluda que bloquea el camino!
Beep se acerca despacio. ¡Puf! Toca la montaña con su pinza. ¡Es suave! ¡Es blandita! Huele a flores de lavanda. Beep intenta empujar: «¡Uff, uff!». Pero sus ruedas patinan en el suelo. La montaña no se mueve. Entonces, Beep mira con mucha atención. ¡No es un monstruo! Es la mantita suave del Bebé. La mantita se había quedado dormida sobre las vías del tren. Estaba cansada y quería descansar en un lugar calentito.
Beep es un robot muy amable. No quiere despertar a la mantita con ruidos fuertes. ¡Chisss! Con mucha delicadeza, Beep usa su brazo de robot para mover una esquinita de la manta. ¡Despacio, muy despacio! La quita de las vías y la acomoda a un lado. ¡Shhh, qué bien duerme! Ahora el camino está libre. ¡Qué alegría!
El tren vuelve a arrancar: ¡Chaca-chaca, chu-chu! Las ruedas giran otra vez. Beep está muy feliz porque ayudó a su amigo el tren y cuidó la siesta de la mantita. El pequeño robot se siente un poco cansado también. Se acerca a la mantita suave, apaga su luz dorada y... ¡Zzz! Se queda dormido junto a ella. Todo está tranquilo, todo está bien. ¡Buenas noches, Beep!