En el aula de arte, Ema miraba su papel. ¡Oh, no! El color azul se había escapado de su dibujo. Sus gafas redondas brillaban mientras buscaba por todas partes. ¿A dónde se fue el azul? Ema se puso su gorra de detective y decidió encontrar el color perdido.
Ema caminó hacia la ventana y vio a un pajarito llamado Pío. Pío era pequeño y saltaba alegremente. ¿Has visto mi color azul, Pío?, preguntó Ema. El pajarito señaló con su ala hacia el patio. ¡Mira, mira!, parecía decir con un tierno gorjeo. Ema salió corriendo muy emocionada.
En el jardín, Ema encontró al señor Raíz. Él cuidaba las flores y tarareaba una canción. Señor Raíz, ¿está aquí mi azul?, preguntó Ema. El señor Raíz le mostró una regadera brillante. Este es azul, pero no es tu pintura, dijo él con una sonrisa muy amable.
De pronto, Ema vio algo brillante en el suelo. ¡Eran los charcos de lluvia! Se acercó despacio con sus zapatillas blancas. ¡Splash, splash! Ema saltó en el agua. En el fondo del charco, el cielo se reflejaba clarito. ¡Ahí estás!, gritó Ema. ¡El azul estaba escondido en el agua!
Ema usó una hoja seca como si fuera una cuchara mágica. Con mucho cuidado, atrapó el reflejo del color en su imaginación. El agua salpicó su jersey amarillo, pero ella estaba feliz. Ya tengo todo el azul que necesito para terminar mi gran obra de arte, pensó la pequeña detective.
Ema regresó al salón y pintó un sol azul muy especial. Sus trenzas se movían mientras movía el pincel con alegría. El cuadro quedó hermoso y brillante. Ema sonrió detrás de sus gafas. ¡Qué divertido es buscar colores por todo el mundo! ¿Y tú, qué color quieres encontrar hoy?