¡Hola! ¿Alguna vez has visto un dinosaurio con zapatos de deporte? Pues hoy vas a conocer a Rex. Rex es un Tyrannosaurus Rex muy especial. No es nada aterrador; al contrario, ¡es muy suave! Lleva un jersey de lana con rayas azules y amarillas que le queda un poquito ajustado y, lo más importante de todo: ¡unas zapatillas de deporte rojas y enormes! Sus cordones son larguísimos y terminan en unos lazos blancos que parecen orejas de conejo.
Rex estaba en el bosque de los Helechos Cosquillosos. Hoy era el día de la Gran Carrera de Obstáculos. ¿Sabes cómo latía su corazón? ¡Pum-pum, pum-pum! Estaba muy emocionado. Rex se puso en la línea de salida sobre el musgo verde y suave junto a sus amigos los animales. Pip, un caracol muy pequeño que era el árbitro, sopló su silbato: ¡Fliuuuuuu! La carrera había comenzado.
Rex empezó a correr. ¡Squeak, squeak, squeak! Hacían sus zapatillas rojas sobre la hierba. Primero, se encontró con un tronco caído muy grande. ¿Crees que Rex pudo saltarlo? ¡Claro que sí! Dio un salto gigante: ¡Boing! Y aterrizó al otro lado con un rebote de su cola. Luego, tuvo que agacharse mucho, mucho, para pasar debajo de unas ramas de sauce. ¡Cuidado con el jersey, Rex! Pasó rozando las hojas: ¡Shhh, shhh!
Pero de repente, ¡oh, no! Sus cordones largos y juguetones se enredaron en unas zarzas del camino. Rex se quedó atrapado. Intentó mover una pata, pero estaba atascado. Vio cómo las ardillas pasaban volando y se sintió un poco triste. «Soy demasiado grande y torpe», pensó con un suspiro. Sus ojos color ámbar miraron su mancha de la suerte en el hocico. ¿Se iba a rendir? ¡Claro que no!
Rex recordó que su cola no solo era grande, ¡era su balancín! La movió de lado a lado para encontrar equilibrio. Con mucho cuidado y un tironcito suave, ¡Pop!, desenganchó su cordón. Rex empezó a cantar para animarse: «Paso, paso, ¡squeak! Salto, salto, ¡clac!». Usó su gran cola para impulsarse y recuperar el ritmo. ¡Zis, zas! Esquivó las últimas ramas con una sonrisa gigante.
Cuando Rex vio la meta, todos los animales empezaron a gritar: «¡Vamos, Rex! ¡Tú puedes, Rex!». Atravesó la línea final con un salto de alegría que hizo vibrar un poquito el suelo. ¡Bum! No fue el más rápido, pero sí el que más se divirtió. Los helechos le hacían cosquillas en las rodillas y las ardillas le daban palmaditas en sus grandes zapatillas rojas. Rex aprendió que no importa ser grande o tener cordones largos, lo importante es encontrar tu propio ritmo y saltar con el corazón. Y así, con un jersey colorido y mucha alegría, esta carrera terminó de maravilla.