¡Hola, pequeñín! ¿Sabes quién vive en el bosque? Vive una lechuza blanca muy suavecita que se llama Luna. Luna es especial: lleva unas gafitas redondas y un gorro azul de mago con estrellas. ¡Qué guapa está! Luna quería invitar a sus amigos a merendar galletas de vainilla. ¿Te gustan las galletas? ¡Mmm, qué ricas!
Luna sacó su varita mágica. Quería que las galletas brillaran mucho, mucho. Así que dijo las palabras mágicas y... ¡PUM! ¡ZING! ¡PLOP! Pero, ¡ay, no! Las galletas no brillaron. A las galletas les salieron alitas de azúcar. ¡Flap, flap, flap! Se convirtieron en mariposas de vainilla y empezaron a volar por todo el bosque.
Luna miraba con sus ojos grandes y redondos. ¡Sus galletas se escapaban! Su amigo la ardilla saltaba: ¡hop, hop! Y su amigo el cuento iba despacito: ¡plas, plas! Todos intentaban atrapar las galletas voladoras. ¡Qué risa! El bosque olía de maravilla, a dulce y a vainilla. ¿Puedes olerlo tú también? ¡Ahhh, qué bien huele!
Al principio, Luna estaba un poco triste porque su hechizo salió mal. Pero luego vio que sus amigos se divertían mucho corriendo tras las galletas-mariposa. ¡Era un juego muy divertido! Luna se ajustó sus gafitas, movió sus alitas blancas y se unió al juego. ¡Zas! Atrapó una galleta en el aire y le dio un mordisquito. ¡Qué crujiente y qué dulce!
Al final, todos comieron galletas voladoras y se quedaron muy felices bajo el gran árbol. Luna aprendió que, a veces, las sorpresas son mejores que los planes. Los amigos se dieron un abrazo calentito y se fueron a dormir. ¡Hoo-hoo! ¡Hoo-hoo! Y así, con la tripita llena de vainilla, el bosque se quedó en silencio. Colorín colorado, este cuento de magia se ha acabado.