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Shiki la niña gato ninja en el Bosque de Bambú Susurrante.

Shiki y el Festival del Balance

Únete a Shiki, la valiente niña gato ninja, en este tierno cuento de animales sobre la armonía y la paz interior. Descubre cómo el Festival del Balance enseña a los habitantes del bosque que la verdadera fuerza reside en la amistad y el equilibrio.

🤝Amistad🐾Animales
7 min de lectura773 palabras6+ años

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¡Hola! ¿Alguna vez has visto a un gato ninja? Pero no un gato cualquiera, sino a una niña con orejas plateadas, una cola larga con la punta blanca y una agilidad que la hace parecer una hoja flotando en el aire. Ella es Shiki. Shiki vive en el Bosque de Bambú Susurrante, un lugar donde las cañas de bambú hacen ¡Shhh, shhh! cuando sopla la brisa. En su frente, Shiki lleva una banda de metal brillante con un símbolo muy especial: un círculo dividido en blanco y negro llamado Yin y Yang. Significa que en el mundo debe haber equilibrio: luz y sombra, ruido y silencio, saltos y calma.

Shiki es muy, muy rápida, pero a la vez muy silenciosa. ¡Tap-tap! Sus pies apenas tocan el suelo. Un día, mientras practicaba sus piruetas, se dio cuenta de algo. Sus amigos del bosque estaban un poco... desequilibrados. El gran oso Kuma intentaba correr tan rápido como un conejo y ¡BUM!, acababa de narices en el barro. El pequeño colibrí Pipo volaba tan frenéticamente que parecía un motorcito roto, ¡Ziuuu, ziuuu!, chocando contra las flores. Y la tortuga Sora estaba tan preocupada por no caerse que casi ni se movía. Shiki pensó: "Mis amigos necesitan encontrar su ritmo. ¡Organizaremos un Gran Festival de la Amistad!".

¿Sabes qué fue lo primero que hizo? Shiki sacó una flauta de bambú dorada y tocó una melodía suave. ¡Fiuuu, lari-ló! Atraídos por la música, todos los animales llegaron al claro del bosque. Shiki les explicó que para ser verdaderos amigos y grandes atletas, necesitaban el equilibrio del Yin y el Yang. Les dio cintas de seda y empezó la lección. "¡Arriba, abajo, respiren conmigo!", decía Shiki. Pero, ¡ay, caramba! Al principio, todo fue un desastre muy divertido. El oso Kuma intentaba hacer equilibrio sobre una pata y, al caer, hacía temblar todo el bosque: ¡BRRUM! Pipo el colibrí intentaba ir lento, pero sus alitas hacían tanta fuerza que terminaba girando como un trompo mareado.

De repente, el cielo se puso gris, como el color de una piedra mojada. ¡Plof, plof! Empezaron a caer gotas de lluvia. Y luego... ¡CHAS! Un trueno retumbó a lo lejos. Los animales se asustaron muchísimo. Kuma quería esconderse en un arbusto muy pequeño, y Pipo volaba en círculos gritando: "¡Socorro, las decoraciones de flores se van a mojar!". El pánico corría por el claro como una corriente de agua fría. Todos empujaban a todos. ¡Qué caos!

Entonces, Shiki se subió a una roca alta. Su cabello plateado brilló bajo la lluvia como si fuera de luna. Tocó su frente, donde el símbolo del Yin y el Yang resplandecía. "¡Escuchen!", gritó con una voz suave pero firme. "La tormenta no es nuestra enemiga, es solo la otra mitad del sol. ¡No luchen contra el viento, bailen con él!". Shiki empezó a moverse. Sus pies no huían del barro, sino que se deslizaban sobre él con gracia. Shiki agarró la pata grande de Kuma y el ala diminuta de Pipo. Los unió.

"Kuma, tú eres la fuerza, como la tierra. Pipo, tú eres la rapidez, como el aire. Si se sostienen, ninguno caerá". Y así, bajo la lluvia que ahora caía con un ritmo musical —¡Tapa-tapa, clic-clic!—, el festival comenzó de verdad. Shiki les enseñó a moverse en parejas. Los animales más pesados ayudaban a los más ligeros a no salir volando, y los pequeños guiaban a los grandes para que no tropezaran. Se convirtió en una danza preciosa, un círculo de amigos que giraba y giraba.

¿Y sabes qué pasó después? Que mientras bailaban en perfecto equilibrio, las nubes se cansaron de llover y se abrieron paso para dejar salir un sol brillante. Un arcoíris cruzó el cielo del Bosque de Bambú Susurrante. Los animales estaban cansados, pero felices. Kuma ya no se sentía pesado, se sentía sólido como una montaña. Pipo ya no estaba nervioso, se sentía ligero como un suspiro.

Para terminar el festival, Shiki les pidió un último movimiento. "Ahora, todos juntos, ¡el salto de la nieve!". Todos los animales saltaron al mismo tiempo hacia el centro del círculo y, al aterrizar, en lugar de un gran ruido, se escuchó un sutil y perfecto... ¡Šup! Como si un copo de nieve cayera sobre la lana. Shiki sonrió, su cola se agitó con alegría y sus ojos de diferentes colores brillaron. Habían aprendido que la verdadera fuerza no es ser el más rápido o el más grande, sino saber encontrar la calma en el centro del juego y dar la mano al que es diferente a ti. Y así, entre risas y abrazos de oso, el festival terminó de la mejor manera posible. Todo estaba, por fin, en perfecto equilibrio.

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