Shiki estaba saltando en su jardín soleado cuando encontró algo brillante bajo una hoja. ¡Era un mapa muy antiguo! De pronto, el mapa empezó a brillar con mucha fuerza. Shiki dio un gran salto ninja y cruzó un portal mágico. ¡Pum! Ahora estaba en el mundo de los dinosaurios gigantes.
Todo era muy grande y verde. Shiki escuchó un llanto suave detrás de una roca azul. Allí estaba el pequeño Cuellilargo, un dinosaurio bebé que estaba muy triste. «No llores», dijo Shiki moviendo su cola de punta blanca. «Yo tengo un mapa mágico y te ayudaré a encontrar a tu mamá».
¡Caminaron, caminaron y caminaron! Primero llegaron a una montaña muy, muy alta. Shiki usó sus ojos de colores, uno azul y uno amarillo, para encontrar el mejor camino. «¡Tú puedes hacerlo!», le dijo al pequeño Cuellilargo. Juntos subieron hasta la cima y bajaron saltando con mucha alegría. ¡Qué divertido!
¡Caminaron, caminaron y caminaron! Después llegaron a un río muy, muy ancho. El agua hacía «¡splash, splash!». Shiki, muy valiente, guio al bebé dinosaurio sobre unas piedras grandes y grises. El pequeño Cuellilargo tenía un poquito de miedo, pero Shiki le dio la mano y cruzaron sanos y salvos.
¡Caminaron, caminaron y caminaron! Por fin entraron en un bosque muy, muy espeso. De pronto, Shiki vio a la mamá dinosaurio, la gran Giganta, cerca de un volcán. «¡Rápido, Cuellilargo, llama a tu mamá!», gritó Shiki. El bebé dio un grito muy fuerte y Giganta corrió feliz hacia ellos.
¡Qué abrazo tan grande! Shiki se sintió muy orgullosa y feliz por haber ayudado a su nuevo amigo. El portal mágico se abrió de nuevo para llevarla a casa. «¡Adiós, Cuellilargo!», gritó Shiki mientras saludaba con la mano bajo un atardecer de color morado. ¡Ser una ninja es maravilloso!