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Spark la elfa inventora ajusta su trampa mágica en su taller.

Spark y la Trampa de Cosquillas

Acompaña a Spark y la Trampa de Cosquillas en este ingenioso misterio lleno de risas y resortes. Descubre cómo una pequeña inventora utiliza su ingenio para atrapar a un travieso visitante y aprender el valor de compartir.

🔍Misterio🤝Amistad
3 min de lectura366 palabras5+ años

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Spark era una elfa muy activa con el pelo de color cobre y manchas de hollín en sus mejillas. En su taller lleno de herramientas, Spark horneó un plato de galletas con forma de estrella. ¡Qué bien olían! Pero algo raro pasaba. Cada vez que Spark buscaba una llave inglesa, una galleta desaparecía. ¡Munch, crunch, desapareció! ¿Quién se las estaba comiendo?

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Spark dejó otra galleta sobre la mesa y se dio la vuelta rápidamente. ¡Munch, crunch, desapareció! ¡Oh, no! Solo quedaban dos galletas. Spark se ajustó sus gafas de cuero sobre la frente y pensó mucho. Ella era una gran inventora y le encantaban los misterios. ¿Podría ser un fantasma? ¿O tal vez un ratón muy veloz? Spark decidió que necesitaba un plan.

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Spark sacó plumas suaves, resortes saltarines y un poco de cuerda de su cinturón. Trabajó muy rápido moviendo sus manos. ¡Clinc, clanc, listo! Había inventado la súper Trampa de Cosquillas. La colocó justo al lado de la última galleta. Spark se escondió detrás de su banco de trabajo, contuvo la respiración y esperó en silencio. ¿Creen que funcionará la trampa de Spark?

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De repente, una pequeña nube esponjosa llamada Nubarrón bajó flotando del techo. Nubarrón era suave y azul, y tenía mucha hambre. Cuando su pequeña mano de niebla tocó la galleta, la trampa saltó. ¡Zás! Las plumas empezaron a moverse arriba y abajo. Nubarrón soltó una carcajada gigante. ¡Jijí, jajá! Las cosquillas eran tan divertidas que Nubarrón no podía dejar de reír.

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Nubarrón rió tanto que estornudó un montón de migas de galleta. ¡Achís! Spark salió de su escondite y miró a la pequeña nube. Nubarrón se sentía un poco triste y apenado por haber tomado las galletas sin permiso. Spark, que era muy amable, le dio una palmadita suave. No era un monstruo malo, solo era un amigo con la barriga muy vacía.

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Spark le enseñó a Nubarrón que es mejor pedir las cosas por favor. ¡Compartir es mucho más divertido! Ahora, Spark y Nubarrón meriendan juntos todos los días en el taller. Nubarrón ayuda a limpiar el polvo y Spark siempre hornea suficientes galletas para los dos. ¡Qué felicidad da tener un nuevo amigo! Al final, los dos terminaron llenos de migas y muchas risas.

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