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Trixi la Boyera de Berna con corona de cristal bajo el roble.

Trixi: Guardiana de Deseos

Descubre la magia de Trixi: Guardiana de Deseos, un tierno cuento de hadas escolar donde una perrita muy especial encuentra un tesoro legendario. Únete a esta heroína peluda mientras aprende que la verdadera felicidad nace de la empatía y de ayudarnos unos a otros.

🏰Cuento de hadas🏫Escuela
6 min de lectura683 palabras7+ años

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¡Hola, amigo! ¿Alguna vez has visto a un perro que parece un peluche gigante y elegante a la vez? Pues así es Trixi. Ella es una Boyero de Berna con un pelaje tan suave que parece hecho de nubes de color negro, fuego y nieve. Trixi no es una perrita cualquiera; ella va a la escuela Primaria Manzano Silvestre. No lleva mochila ni cuadernos, pero sí un collar de cuero color azul turquesa con una pequeña campana de latón que hace un sonido muy especial: ¡clink, clink, clink! cada vez que trota por el patio.

Un martes, mientras el sol brillaba como una moneda de oro, todos los niños salieron al recreo. ¡Gritos! ¡Risas! ¡Zas, zas, zas! Los niños corrían de un lado a otro, pero Trixi sentía que algo faltaba. Ella quería ayudar, pero ¿cómo? Se fue al rincón más tranquilo del patio, justo debajo de las raíces retorcidas del Gran Roble. Allí, entre la tierra fresca y las hojas secas, vio algo que brillaba con un destello azulado. ¿Qué crees que era? ¡Era una corona de cristal, pequeña y perfecta!

Con mucha delicadeza, Trixi empujó la corona con su nariz de carbón y, ¡hop!, se la puso justo entre sus orejas de terciopelo. En ese instante, el mundo cambió. Trixi no escuchó ladridos ni gritos, sino algo mucho más dulce. ¡Tin-tín! Las peticiones de los corazones de los niños sonaban como pequeñas campanas de cristal. Trixi se había convertido en la Guardiana de los Deseos. Podía sentir que el pequeño Leo, un niño muy tímido, deseaba que alguien jugara con él a los dinosaurios, y que la pequeña Sofía buscaba desesperadamente su pegatina de estrella perdida.

—¡Guau! —pensó Trixi (porque los perros piensan en guau, por supuesto)—. ¡Tengo que ayudarlos a todos ahora mismo! Su trote rítmico, ese que hace ¡trot-pum, trot-pum!, se volvió más rápido. Trixi corrió hacia Leo y, con un empujoncito de su gran cabeza, lo llevó hacia un grupo que jugaba en la arena. Luego, usando su olfato prodigioso, encontró la pegatina de Sofía pegada debajo de un banco. ¡Shish! ¡Misión cumplida!

Pero ser la Guardiana de los Deseos no era tan fácil como parecía. Los deseos empezaron a llover: uno quería un lápiz rojo, otro quería ser el más rápido en el tobogán, otro quería que no se acabara el recreo. La corona de cristal empezó a brillar con una luz color púrpura, cada vez más pesada. ¿Sabes lo que pasa cuando intentas cargar con los problemas de todo el mundo tú sola? Te cansas mucho. Las patas de Trixi ya no rebotaban con alegría; se sentían como si estuvieran hechas de plomo. ¡Puf! Trixi se sentó, agotada, con la lengua fuera y la cola triste.

Entonces, el Gran Roble pareció susurrar con el viento: «Trixi, querida, tú no eres un hada madrina. Eres una amiga». Trixi lo entendió. No tenía que resolverlo todo ella sola. Cuando Leo se acercó a acariciarla, ella inclinó la cabeza y dejó que el niño tocara la corona de cristal. Al hacerlo, Leo sintió un chispazo de magia. De repente, él también pudo escuchar el deseo de una niña que no tenía con quién compartir su merienda. Leo sonrió, buscó a la niña y compartió su manzana.

¡Qué maravilla! Trixi empezó a ir de niño en niño, dejando que todos tocaran la corona. No para que ella cumpliera sus deseos, sino para que ellos aprendieran a escucharse unos a otros. La corona empezó a brillar con una luz clara y suave, y de repente, se encogió. ¡Ploc! Se transformó en un pequeño amuleto brillante que colgaba ahora de su collar turquesa, justo al lado de su campana de latón.

Trixi volvió a correr, esta vez con su trote ligero. ¡Trot-pum, trot-pum! El patio ya no era un lugar de deseos solitarios, sino una gran orquesta de amigos que se ayudaban entre sí. Ella ya no cargaba con el peso del mundo, solo con la alegría de ver a sus humanos felices. Y así, entre juegos, lametones de oreja y mucho pelaje suave, todo salió exactamente como debía salir. ¿No crees que es el mejor tipo de magia?

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